Velando la lámpara en la orilla de los arces
Al contar la vigésima novena varilla de incienso, el tío Qin descubre de pronto los moratones en la muñeca del muchacho destinado al sacrificio del río. El jefe del clan afirma que se ha ofrecido voluntario para consultar a las aguas y que solo falta esperar la hora propicia para soltar la barca; Qin, sin embargo, lleva años sin atreverse a mirar de nuevo el remolino bajo los arces. En el templo nadie puede detener la embarcación y el sol sigue descendiendo. Se dirige al muelle para buscar a la barquera que, desde la muerte de su hermano mayor, se niega a transportar a los peregrinos del templo.
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