El sauce echa sus propias raíces
Cheng Xiang regresó con veinte taeles de plata, decidido a recomprar la vieja casa al sur de la ciudad para que su esposa pudiera vivir tranquila en adelante. Xu Heng le pidió primero que apartara el equipaje: bajo el bulto estaban aplastados los plantones de sauce con los que ella se había ganado la vida durante cinco años sin noticias suyas. El marido creía que aquellas ramas podían venderse sin más, pero su esposa tenía un contrato para entregar trescientos plantones; aún no habían acordado dónde vivir cuando la crecida primaveral llegó antes de tiempo.
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